Reírse de los Castro, pecado capital
Para el gobierno cubano, cuando la sátira es contra el "enemigo", es
útil y refrescante. En caso contrario es subversiva
jueves, octubre 15, 2015 | Víctor Manuel Domínguez
LA HABANA, Cuba. (Cuba Sindical)- En un país donde la burla, el
sarcasmo, la sátira, el choteo, en fin, algunos de los diferentes tipos
de humor, son más cotidianos que los esmirriados, ácidos, peludos y
verdosos panes nuestros de cada día, las autoridades se crispan y hacen
la guerra a una broma mínima o colosal que desate la risa.
Al parecer, el control político y económico, las sobras para la
ciudadanía y otros actos de una revolución en el poder, les impiden
carcajear, reír, o siquiera esbozar una sonrisa que les permita
semejarse a un ser humano, y no al mísero patán que teme a una
trompetilla más que el Diablo a la cruz.
Según el artículo Una broma muy seria, publicado en el diario Granma por
Sergio Alejandro Gómez, la Oficina de Transmisión para Cuba (OCB, por
sus siglas en inglés) de los Estados Unidos, se apresta a financiar un
acto de subversión en Cuba, en forma de programa satírico.
Choteadores choteados
Para información y sosiego del "des-riza-do" vocero, si "el humor es la
gentileza de la desesperación", como sentenciara Oscar Wilde, los
cubanos somos los amables señores del choteo, los corteses caballeros de
la burla, y los atentos comensales de la parodia, en un país donde se
ríe para no llorar.
Y si ni el mismísimo Jorge Mañach, con su Indagación del choteo, no pudo
impedir que los cubanos nos riéramos hasta de nosotros mismos, menos lo
hará un amargado dictador, un perrito faldero con anemia en la sonrisa,
o alguien que por miedo censura en público el humor, y se encierra para
reír.
Además, nadie como las autoridades cubanas para incitar al choteo
siempre que no sean ellos los choteados. Desde los inicios de la
revolución, la revista Mella, y el suplemento El Sable, del Juventud
Rebelde, comenzaron a satirizar al pueblo, gobierno y modos de vida
norteamericanos.
Marcos Behmaras, en sus Salaciones del Reader´s Indigest y otros
relatos, se burló de ellos con "un humor fresco y sugerente, a tono con
nuestra idiosincrasia, pero suscitando siempre la reflexión por medio de
la sátira certera, ingeniosa, a través de un humorismo que ataca siempre
a fondo, sin quedarse en la superficie", según la "bromóloga" Aleida
Lliraldi Rodríguez.
Es decir que, cuando la sátira es contra el otro, el enemigo, es útil y
refrescante. En caso contrario es subversiva. Si Marcos Behmaras hubiera
enfilado sus cañones satíricos contra la pudibundez y pacatería verde
olivo, las salaciones le habrían caído a él como un diluvio de carnés
del partido.
Sus geniales artículos satíricos ¿Vale la pena tener dinero?, Esos
felices muertos de hambre, por Miss Mona P. Chugga, El viaje de
Eisenhower: ¿fracaso o triunfo?, por Mary Wannah, o, ¿Es usted un
psicópata en potencia?, por el doctor John Toasted, lo hubieran
condenado al choteicidio
A ese lo cuelgo yo
Para ilustrar aún más lo que cuesta un chiste, una sátira o cualquier
tipo de humor contra un régimen totalitario, recordemos, de paso, que La
broma (1961), novela del escritor checo Milan Kundera, fue calificada
como "la Biblia de la contrarrevolución". Otra de sus obras, El libro de
la risa y el olvido, le valió que fuera despojado de su nacionalidad.
Tolerantes ¿no?
Pero los gobernantes cubanos no se quedan atrás. Como émulos de cuanto
sistema o religión consideran la risa un relajamiento de las buenas
costumbres, falta de seriedad y de otras poses hieráticas que llevan a
la muerte por aburrimiento, aportan su granito de hiel contra el humorismo.
En los años 60, el dúo humorístico Los Tadeos fue expulsado de la
televisión cubana y condenado al ostracismo o al exilio por el simple
delito de preguntar en un programa en vivo: ¿Cuál es el colmo de un
presidente? Y responder: Matar a un pueblo de hambre y hacerles gratis
el entierro.
Por la misma época, pero en el Teatro Martí, un comediante de altura
como Leopoldo Fernández (Tres Patines), en una escena donde había que
colgar varios cuadros de figuras célebres en la pared, al ver uno con la
imagen de Fidel, lo apuntó con el dedo y expresó: "A ese lo cuelgo yo".
Fue el acabose.
Ese chiste bastó para que fuera cerrado el teatro y el humorista tuviera
que partir al exilio o se moriría de hambre en el país de no vender
mangos. Y aunque otros casos hasta la actualidad dan fe del temor de los
gobernantes a la burla o la sátira, ninguna quedó en el imaginario
popular como aquellas.
Todas, salvo una broma popular y premonitoria que se atribuyó a Cataneo,
cantante del Trío Taicuba, quien al ver pasar la Caravana de la Libertad
con los barbudos por el malecón habanero aquel lejano 8 de Enero de
1959, dicen que pronunció: "Sólo se salvarán los que sepan nadar". Y así
fue.
vicmadomingues55@gmail.com
Source: Reírse de los Castro, pecado capital | Cubanet -
https://www.cubanet.org/destacados/reirse-del-gobierno-pecado-capital-en-cuba/
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