miércoles, 9 de marzo de 2016

Repudio a Batista

Repudio a Batista
Cercana la fecha del "13 de marzo", vale la pena volver a un breve
análisis de lo que significó la figura de Fulgencio Batista y Zaldívar
para la historia y el futuro de Cuba
Alejandro Armengol, Miami | 08/03/2016 2:01 pm

Los dos aspectos que más se mencionan al intentar justificaciones más o
menos taimadas del batistato apelan a la comparación y a la
circunstancia, más que al supuesto protagonista de la escena.
Cierto que gracias a la permanencia del castrismo la aberración
batistiana todavía se escucha a veces, e incluso con algún que otro
adepto trasnochado de última hora, pero poco cuenta en lo que respecta a
esa figura tenebrosa salvo su pecado mayor: haber propiciado la llegada
de Fidel Castro al poder.
Se pretende hablar de la "época de Batista", apelar a cifras y destacar
el desarrollo económico alcanzado en Cuba como si todo ello obedeciera
al designio del tirano, cuando en realidad este lo que hizo fue
aprovecharse de una situación existente y no crearla.
Si incluso actualmente en la Isla hay —en lo que respecta a esa Habana
de oropel y alegría grosera dedicada a venderse al turista extranjero—
una vuelta a la década de 1950, no es precisamente lo mejor del
espectáculo y la farándula de esos años lo que se recrea con mérito,
sino la vulgaridad y la prostitución de cualquier tipo, las cuales han
renacido con fuerza. Fulgencio Batista y Zaldívar fue sinónimo de
desprecio de la cultura, ignorancia y explotación. Fue, para resumirlo
en una palabra vigente y apropiada, soez.
Tampoco tiene validez alguna el segundo aspecto, que es un símil fácil
cuando no perverso. Cuando se compara la dictadura de Batista con el
régimen totalitario de los hermanos Castro no se ataca principalmente a
los segundos, sino que indirectamente se brinda cierto alivio al primero.
Carece de sentido esa comparación, como también lo es en el caso de
Hitler y Stalin o entre la Camboya de Pol Pot y el Congo de Leopoldo II
de Bélgica.
Es útil la denuncia y el acumular cifras de asesinatos, vandalismo,
hambre y miseria, pero lo peor no justifica ni disminuye lo malo.
Durante el último período de Batista en el poder, se robó, asesinó y
torturó. Puede cuestionarse alguna cifra repetida más como objetivo de
propaganda que para establecer certezas. Sin duda en los primeros años
de la llegada al poder de Fidel Castro se magnificó el terror anterior
como un recurso justificativo. Nada de esto anula los abusos reinantes
con Batista en el Palacio Presidencial. El argumento del "y tú más" o
"el otro es peor" no solo resulta infantil sino pernicioso.
El problema de la débil legitimidad gubernamental antecede al acto de
Batista, porque tiene sus raíces en la corrupción rampante y la relativa
incapacidad de dos instituciones establecidas por la Constitución para
el desarrollo del Estado de derecho y el avance político del país: la
Corte Suprema y el Congreso. Sin embargo, nadie como él se aprovechó de
esa debilidad institucional con objetivos más mezquinos, al punto de
abrir la puerta para lo que vendría después del 1 de enero de 1959. Este
desempeño final de su mandato oscurece cualquier intento de
reivindicación social que practicó durante su primera etapa de mando.
Tras el 10 de marzo de 1952, el camino electoral con Batista en el poder
fue cada vez más cuestionado. Unas elecciones celebradas bajo su
gobierno no se percibieron por la población como fuente de legitimidad.
La amnistía a los asaltantes al Moncada no fue un simple error político
o un acto de generosidad equivocada. Formó parte de esa búsqueda de
legitimidad que nunca alcanzó.
¿Existía la posibilidad de una solución democrática en Cuba, sin
dictadura de Batista y sin entregarle el poder a Fidel Castro? En
términos políticos generales, pareció posible hasta 1956 —incluso tras
el ataque al Moncada, un hecho relativamente menor en aquellos momentos
para el panorama político nacional— si Batista hubiera mostrado una
actitud negociadora, similar a la que tuvo a finales de la década de
1930, y cedido frente a la idea de una asamblea constituyente propugnada
por Carlos Márquez Sterling, Jorge Mañach y José Pardo Llada, entre
otros. Sin embargo, tras sus declaraciones de entonces no había un
interés genuino de negociar, sino su afán de seguir como "hombre fuerte"
de la Isla.
En última instancia, el uso de la violencia para reprimir a la oposición
fue lo que llevó a la caída del régimen de Batista y al triunfo de Fidel
Castro. Por ello nada más debería ser repudiado a diario.
Este trabajo recoge ideas formuladas en Cuaderno de Cuba.

Source: Repudio a Batista - Artículos - Opinión - Cuba Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/repudio-a-batista-325014

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