Disidencia entre el dicho y el hecho
El tratar de silenciar las críticas respondiendo que sirven a los fines
de La Habana es repetir la vieja táctica de aprovecharse de la
conveniencia política para obtener objetivos personales
Redacción CE, Madrid | 08/03/2016 2:06 pm
Al igual que el embargo, como ocurrió con las incursiones armadas y los
actos de sabotaje, de la misma forma que viene sucediendo en la arena
internacional, la política de Washington hacia la disidencia cubana es
un fracaso.
Nacida con total independencia de Washington, en la actualidad la
oposición en la Isla —un término más amplio que disidencia— conforma un
cuerpo heterogéneo, y hasta cierto punto amorfo. Pero en cuanto a imagen
en el exterior, siempre enfrenta igual problema: mientras algunas de
organizaciones no reciben directamente fondos de Washington, el
argumento del dinero sirve para demonizarlas a todas.
Al mismo tiempo, el tratar de silenciar las críticas respondiendo que
sirven a los fines de La Habana es repetir la vieja táctica de
aprovecharse de la conveniencia política para obtener objetivos personales.
El tema de la ayuda a la disidencia gira más sobre el mal uso de los
fondos que alrededor de las necesidades que cubren. No se trata de
convertir en un pecado el aceptar dinero del exilio, pero cuando éste
proviene de un gobierno, no sólo existe siempre la sospecha de que
"quien paga manda", sino el peligro de injerencia extranjera.
El posible argumento de que en la actualidad dicha oposición manifiesta
su total independencia de Washington, por el simple hecho de
manifestarse en contra del enfoque político hacia Cuba que sostiene el
presidente Barack Obama, carece de peso no solo por ser extremadamente
superficial sino por el desconocimiento de los mecanismos de
distribución del poder y los recursos en un sistema democrático.
Con un Congreso gestionado por el Partido Republicano en estos días —y
en particular por una Cámara de Representante donde desde hace años son
un factor importante, aunque ya no decisivo, varios legisladores
cubanoamericanos y sus aliados— la distribución de dichos fondos nunca
ha sido a través de un canal directo desde el poder ejecutivo. Siempre
Miami y un sector del exilio en esa ciudad han sido más importantes —y
cercanos— para esos fines que la capital estadounidense.
La amenaza de una excesiva dependencia política al dinero norteamericano
no ha provocado ni un rechazo generalizado, por parte de la oposición en
la Isla, ni una respuesta emotiva y efectiva en el exilio.
No hay el intento de suplantar con fondos cubanos la mayor parte del
dinero destinado a los afanes democráticos en Cuba, lo que no niega que
organizaciones privadas realicen envíos.
Vale la pena reflexionar acerca del papel que desempeña una disidencia
que depende de los fondos del Gobierno norteamericano para existir y de
las emisoras de Miami para hacerse conocer.
Si bien el Gobierno de La Habana es incapaz de crear un programa de
desarrollo económico que satisfaga las necesidades de la población, sí
ha logrado mantener al pueblo bajo un régimen de economía de
subsistencia: ni el desarrollo ni la miseria extrema generalizada en
tiempo y espacio.
Mientras la disidencia pudo en un momento enfatizar sus demandas sobre
las diferencias en los niveles de vida, incrementados en los últimos
años, en su lugar encaminó el discurso hacia la lucha por una
alternativa política y reclamos en favor de la libertad de expresión.
Este esfuerzo se vio afectado por la represión en Cuba, pero tuvo una
amplia repercusión internacional. La situación, sin embargo, ha derivado
hacia un panorama en que elementos dispersos y contradictorios
contribuyen al statu quo: en la actualidad a la oposición se le conoce
mejor por "lo que le hacen" que por "lo que hace": la victimización
sustituye cualquier otro reclamo de efectividad y vigencia.
Al tiempo que la represión en la Isla no ha disminuido, y que se hace
necesario mantener la denuncia de los abusos que se cometen, los
diversos planes divulgados durante años por los grupos opositores no han
pasado en su mayoría de simples declaraciones.
De ahí que resulte desatinada, y una falta de pudor, cualquier
comparación entre el papel del movimiento disidente cubano y la función
que desempeñaron en su momento organizaciones como Solidaridad en Polonia.
La discrepancia entre la proyección internacional de la oposición en
Cuba y su bajo relieve en la Isla ha sido un factor que ha contribuido a
perjudicarla por vías diversas. Pero donde los opositores han resultado
más afectados es en la repetición de errores por parte de Washington
—entendido este como una compleja maquinaria de poder, legislativo y
ejecutivo, y no como un simple puesto de mando como en La Habana— y una
política que en última instancia ha beneficiado solo a unos pocos y
dañado el prestigio de la disidencia.
Source: Disidencia entre el dicho y el hecho - Noticias - Cuba - Cuba
Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/disidencia-entre-el-dicho-y-el-hecho-325017
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario