jueves, 17 de marzo de 2016

La próxima visita

La próxima visita
marzo 16, 2016 5:30 am·

Marianao, La Habana, Rogelio Fabio Hurtado, (PD) La anunciada visita del
Presidente Obama es una continuidad lógica de su política adoptada
respecto a Cuba.

Recordemos que la mutua ruptura, prácticamente un acelerado divorcio de
mutuo acuerdo, se fundó en dos presunciones, ambas equivocadas.

La primera: Washington dio por sentado que podría repetir en Cuba su
éxito de 1954 en Guatemala y así librarse del peligroso Líder, según
había recomendado el vicepresidente Richard Nixon después de
entrevistarse con Fidel Castro en abril de 1959. Para ello, entrenaron y
equiparon a la Brigada 2506, la cual fracasó al chocar en Playa Girón
con la disposición combativa que el joven y ambicioso Líder,
menospreciado por los norteamericanos, había sabido insuflar en gran
parte del pueblo cubano.

La segunda: El Líder, estimulado por la acogida soviética, supuso, muy a
la ligera y de acuerdo con sus deseos, que la URSS podría ocupar el
lugar que hasta entonces habían ocupado los Estados Unidos, con la
ventaja adicional de legitimar su permanencia perpetua en el poder, sin
tener que soportar la molesta presencia de una oposición política.
Para sus fines, fue un negocio redondo que Washington no escuchase las
recomendaciones de su último embajador, Philip Bonsal, y decidiese
cortar todo vínculo con Cuba. La dictadura del proletariado le pareció
la fórmula perfecta.
Sin embargo, al cabo de los años, le ha aconsejado a sus discípulos
latinoamericanos mucha más moderación, reconociendo así indirectamente
su error.

Ahora, luego de unas misteriosas conversaciones que ni Raúl Castro ni
Obama han dado a conocer, han retomado el camino del diálogo y parten
otra vez de presupuestos diferentes y, al parecer, contradictorios.

El Gobierno cubano, aunque tarde, parece convencido de que el modelo
rígido de autogestión económica estatal totalitaria no conduce más que a
la creciente socialización de la miseria, profetizada ya por Cabrera
Infante desde los infelices años sesenta. Entonces, mediante la Ley de
Inversiones Extranjeras y la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, ha
comenzado el regreso al mercado capitalista internacional. Así, les
ofrecen a los norteamericanos, como jugosa carnada, un mercado de más de
once millones de habitantes, ávidos de consumo, a solo 90 millas de sus
costas.

No me parece casual que el anuncio oficial de la visita de Obama haya
coincidido con la presencia en Washington de Rodrigo Malmierca, ministro
para la Inversión Extranjera.

El gobierno cubano demanda que los Estados Unidos acepten sus peculiares
normas políticas, como diferencias justificadas por la soberanía nacional.

No es Obama el primer presidente norteamericano dispuesto a dar pasos
hacia un país hasta entonces considerado como enemigo. Lo hizo Richard
Nixon con la China comunista y Bill Clinton respecto a Vietnam. En el
caso de Obama, está esforzándose por restablecer la presencia de los
Estados Unidos en Cuba, tanto económica como personalmente. Sin dudas,
confía en que, a mediano plazo, este cambio comenzará a repercutir en la
esfera política, para llevar a reformas más compatibles con su concepto
de democracia y derechos políticos. De inmediato, la apertura al turismo
hará mucho más fácil el apoyo a la disidencia interna.

Esta es su apuesta al futuro, mientras el régimen confía en que las
inversiones y el turismo norteamericano le ayuden a mantener y a mejorar
su propia versión de la dictadura del proletariado.

¿Quién tendrá esta vez la razón?

Si en 1960 la ruptura fue rápida y violenta, no cabe ahora esperar ni
exigir que la reconciliación pueda ser de la noche a la mañana.

Raúl Castro cuenta con que el pragmatismo capitalista pase por alto su
supresión de todo derecho político. Obama cuenta con que la renovada y
dinámica presencia norteamericana en Cuba sea capaz simultáneamente de
borrar la imagen de Estados Unidos como enemigo, sistemáticamente
construida por los hermanos Castro, y de reconstruir en la población la
capacidad para patentizar su necesidad de libre participación política,
lo que le facilitaría a la acosada disidencia una mayor base social.
Esto, unido a la recuperada capacidad de Washington para influir sobre
los reformistas dentro del régimen, crearía a largo plazo un escenario
sociopolítico muy distinto al actual estado de cosas en Cuba.

En fecha tan lejana como los inicios de los años 90, mi amigo Indamiro
Restano y yo le dirigimos una carta al entonces presidente Bush,
pidiéndole que en vez del puño cerrado, le tendiese a Cuba la mano
abierta del amigo. ¡Es lo que Obama hace en este momento! ¡Quiera Dios
que su favor nos acompañe!
rhur46@yahoo.com; Rogelio Fabio Hurtado

Source: La Próxima Visita | Primavera Digital -
http://primaveradigital.net/la-proxima-visita/

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