Dos cementerios, una ciudad (I)
En Cuba hay sólo cuatro cementerios que han sido declarados Monumentos
Nacionales, dos están en Cienfuegos
martes, marzo 15, 2016 | Roberto Jesús Quiñones Haces
GUANTÁNAMO, Cuba.- Muchos aseguran que Cienfuegos, aunque no está entre
las ciudades más grandes y pobladas de Cuba, sólo es superada en cuanto
a belleza natural y arquitectónica por La Habana. La amplitud de sus
calles y su trazado cuadricular unidos a su bahía, una de las más bellas
y activas del país, con el paisaje del Escambray al este, constituyen
elementos que la distinguen.
A la antigua colonia de Fernandina de Jagua también la distingue el
estilo neoclásico de sus edificaciones.La zona del parque José Martí,
centro fundacional de la ciudad, destaca por la magnificencia de las
construcciones que lo rodean, entre las que sobresalen el antiguo
colegio San Lorenzo, la Catedral, el antiguo Ayuntamiento, hoy la sede
de la Asamblea Provincial del Poder Popular y el Teatro Tomás Terry.
Las obras mencionadas constituyen ejemplos cimeros de una pujanza
económica que benefició a la ciudad desde los cuarenta años de su
fundación y hasta 1959 y se extendió hasta el famoso Vedado habanero
donde la sacarocracia cienfueguera dejó sus huellas.
En Cuba hay sólo cuatro cementerios que han sido declarados Monumentos
Nacionales: el cementerio de Colón, en La Habana; el de Santa Ifigenia
en Santiago de Cuba, el de Reina y el Tomás Acea, los dos últimos
ubicados en Cienfuegos, algo que aporta otro elemento para su distinción
entre las ciudades cubanas.
El cementerio de Reina
Ubicado en el barrio de Reina, al suroeste de la ciudad, su construcción
se realizó entre 1836 y 1839 para sustituir a la primera necrópolis
cienfueguera, fundada en 1820 en la zona de Cayo Loco. Al principio el
cementerio de Reina era conocido como cementerio municipal, nombre que
luego sustituyó por el actual.
Aunque perdió importancia luego de la construcción del cementerio Tomás
Acea, todavía en él se realizan inhumaciones. Sus valores históricos y
patrimoniales radican en que es el único cementerio de nichos verticales
que ha sido conservado en el país pues el primero fue el de Espada, en
La Habana, pero de éste sólo se conserva información documental.
El uso de nichos verticales era una práctica propia del siglo XIX que
los cienfuegueros tomaron de Francia y que se caracteriza por el uso de
tres hileras de nichos. En el caso del cementerio de Reina estos nichos
conforman las paredes de su primer patio donde destacan sus lápidas, que
hoy están consideradas como verdaderos tesoros del arte estatutario en
bajo relieve, hechas de pizarra, hierro fundido y mármol. También se
destacan las rejas de hierro por su calidad y terminado, las cuales
delimitan tumbas y panteones y a ellas se unen las admirables estatuas
de mármol de la necrópolis entre las que destaca la de "La bella
durmiente", considerada una copia de otra que se encuentra en el
cementerio de Stagueno, Italia.
Los nichos más antiguos que se conservan en el lugar son los de Andrés
Dorticós Casseau (1843) y el de Juan Vives (1845), quienes estuvieron
entre los primeros pobladores de la colonia.
También se hallan en este lugar los restos de insignes patriotas de
nuestras gestas independentistas, entre ellos el General de Brigada
Henry Reeve, El Inglesito, los del comandante José Manuel Cepero Abreu y
los del General Higinio Esquerra.
Declarado Monumento Nacional en 1986, el cementerio de Reina está
necesitado de una urgente atención pues a la inexorable acción del
tiempo se unen las acciones delictivas que han provocado evidentes daños
a la necrópolis.
Source: Dos cementerios, una ciudad (I) | Cubanet -
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