Una rebelión contra el olvido
JOSÉ HUGO FERNÁNDEZ | Miami | 6 Mar 2016 - 9:08 am.
Memoria de La Habana es algo más que un programa de radio. También es
más que un sitio de lujo en internet y una referencia que se hace
ineludible en Facebook. No en balde habría que buscar sus precedentes en
El Programa de Ramón y en la emisora donde este se originó, Radio Ciudad
de La Habana, ambos generadores de un fenómeno de popularidad cuya
significación para la cultura cubana (en los años 80 del siglo XX)
aguarda aún por el examen de los entendidos.
Seguro de que para saber quiénes somos debemos conocer de dónde venimos,
el poeta Ramón Fernández Larrea, creador, guionista y director de
Memoria de La Habana, ha dado perfil de eslogan a esta formulación con
la que carga desde hace unas tres décadas, de La Habana a Barcelona y
luego a Miami, desde donde se emite ahora, en versión renovadora pero
manteniendo lo esencial de aquellas pautas con las que Larrea y su
equipo hicieron historia al rescatar el interés de los jóvenes habaneros
por la radio, la cual no despertaba entre ellos el menor atractivo como
fuente de esparcimiento o de retroalimentación, y a la que muy pronto
dejarían de considerar un medio obsoleto.
Para su fortuna —que es la fortuna del que persiste y sabe hacerlo— las
nuevas emisiones de Memoria de La Habana cuentan hoy con los soportes de
internet. De manera que además de ser radiado por dos emisoras de Miami,
La Poderosa y Cadena Azul, a las 7:00 pm de cada viernes, el programa se
difunde, con el complemento de magnificas ilustraciones, a través de
Facebook y en su propia página, accesible desde cualquier lugar del mundo.
Claro que sus posibilidades de propagación no servirían de mucho si no
se tratara de un espacio de muy especial atractivo, hecho a mano como
suele decirse. Y con qué manos, las de Jaime Almiral Jr., un editor de
imágenes y sonidos como difícilmente pueda encontrarse otro en Miami, o
en cualquier sitio. Que Memoria de La Habana, espacio destinado a no
dejarnos olvidar cómo eran Cuba y los cubanos hace medio siglo, suene
todo el tiempo en nuestros oídos como una propuesta novedosa, siendo a
la vez clásica, responde en gran medida a las manos mágicas de este
profesional con mayúscula.
Para que un programa como este logre el cuasi milagro de gustar a la
gente joven en igual proporción con la que interesa a las personas
mayores; para que sea a un mismo tiempo ameno y sustancioso, elegante y
ligero, cautivador e instructivo, requiere disponer, ante todo, de un
equipo de trabajo conformado por un realizador como Fernández Larrea,
por un artífice de las teclas como Almiral, y por una voz presentadora
tan excepcional como la de Danilo José, muerto hace unas pocas semanas
—de repente y todavía joven, como suelen morir los buenos—, quizá con la
pícara intención de ocasionarle al director un último apuro, el de
buscar un nuevo color para redondear la tricromía, que, como no podría
ser de otra forma, es también sedimento neto de El Programa de Ramón.
La mejor música popular cubana de los mejores tiempos (que para
nosotros, desgraciadamente, son tiempos idos), los sucesos, anécdotas,
lugares, personas y personajes que fueron notables en la Isla antes del
terremoto fidelista. Desde La Macorina hasta Abelardo Barroso, quien
inmortalizó con su voz a esta singularísima dama. Desde el piano de
Lecuona hasta la tumbadora celestial de Chano Pozo. Desde la historia de
los barrios de La Habana, o de enclaves culturales y comerciales que la
hicieron proverbial en el mundo, hasta el rastreo tras las vidas y obras
de célebres compositores e intérpretes que fueron borrados de los
diccionarios, o de figuras públicas que jalonaron nuestra identidad.
Como un cilindro de cincuenta ruedas, el fidelismo ha ido allanando
minuciosamente las cumbres de nuestras tradiciones y nuestra cultura
popular. Casi todo lo bueno de antes nos fue negado, ocultado,
tergiversado. Y resulta demasiado poco lo que hemos hecho hasta hoy por
reconquistar debidamente ese tesoro. Es justo de lo que se ocupa Memoria
de la Habana. No será el único, pero tampoco abundan los que consiguen
hacerlo de un modo tan placentero y distinguido.
Que existan programas como este es señal de que aún patalea la
esperanza, así que no todo está perdido. Entonces no hay por qué dejar
pasar la ocasión de extender un agradecimiento a su equipo de
realización, ni a quienes apostaron y apuestan por su permanencia, como
el productor Miguel Grillo, o como los cubanos gestores de negocios
privados en Miami que patrocinan los anuncios publicitarios, por cierto,
elaborados a tono con la singularidad de su diseño sonoro.
Una rebelión contra el olvido. A partir de este otro eslogan se proyecta
al éter Memoria de La Habana. Y no se necesita escucharlo dos veces para
comprender que de eso se trata, ni más ni menos. Una muy inspiradora
rebelión.
Source: Una rebelión contra el olvido | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cultura/1457218138_20721.html
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