miércoles, 9 de marzo de 2016

La inseguridad-esa prioridad postergada

La inseguridad-esa prioridad postergada
[08-03-2016 13:04:15]
Alberto Medina Méndez

(www.miscelaneasdecuba.net).- No existe encuesta de opinión en la que
este tema no ocupe el podio. En la inmensa mayoría de ellas, la
inseguridad lidera el ranking de las preocupaciones cívicas. Sin embargo
su abordaje siempre queda pospuesto.
Probablemente esto tenga que ver con la percepción que tiene la
política acerca de la escasa chance de lograr triunfos en el corto plazo
y su natural inclinación hacia aquellos tópicos en los que puede torcer
el rumbo con celeridad siempre dentro del mandato del poderoso de turno.

Temáticas como la educación, la seguridad y otras tantas similares, que
ameritan enormes esfuerzos y cuyos resultados positivos no se consiguen
con rapidez, por exitosas que sean las decisiones tomadas, no
entusiasman a la clase dirigente. Prefieren ocuparse de aquello que
genera impactos más inmediatos como la economía o el reconocimiento de
nuevos derechos.

Nadie desconoce el complejo entramado del problema de la inseguridad.
Tiene múltiples aristas, sus causas no son fáciles de enfrentar y las
soluciones de fondo demandan de tiempo y paciencia. Pero justamente por
eso hay que arrancar ahora, porque modificar esta inercia llevará
décadas. El solo hecho de detener la escalada justifica invertirle
ingenio y dedicación.

No es que no se haga algo al respecto. Brotan, con alguna frecuencia,
propuestas interesantes, debates apasionados y hasta medidas concretas,
pero siempre son aisladas, divorciadas del conjunto, por lo que se torna
difícil ser optimistas con la eficacia de ese tipo de determinaciones.

Cierta tendencia a la simplificación termina enfocándose en un solo
factor, por eso muchos afirman que detrás de esta calamidad está la
droga, sin comprender que es uno de los tantos emergentes, pero no el
único. Indudablemente es un dato de la realidad, un síntoma entre otros,
pero lejos está de explicar el contexto contemporáneo de una sociedad en
la que el robo, la violencia, el odio, la intolerancia, el
resentimiento, el desprecio por el otro y hasta el homicidio, ya son
moneda corriente.

No menos alarmante es dimensionar la dificultad para encontrar
especialistas en la materia. Claro que existen profesionales que saben y
mucho, pero siempre sobre un aspecto puntual de la problemática, sin esa
mirada universal que se precisa para una aproximación seria y responsable.

La situación de las cárceles como institución para recuperar ciudadanos
y no como herramienta para disciplinar individuos, la diversidad de
leyes vigentes muchas de ellas contradictorias, la infinita variedad de
estimulantes disponibles, la debilidad de la educación como instrumento
para proveer conocimientos, el deterioro de la institución familiar como
formadora del carácter, la siempre insuficiente capacitación y
jerarquización del personal de seguridad, la imprescindible
incorporación de tecnología al servicio de la comunidad, la puja entre
los derechos individuales y la presunción de culpabilidad, el
funcionamiento del desprestigiado sistema judicial, la pobreza
enquistada que tampoco ayuda son solo una parte de una larga lista de
asuntos que deben asumirse de una vez por todas.

El problema es que esa descripción no es nueva y lleva décadas
exactamente en ese mismo lugar. Pese a ello, muchas de esas
transformaciones ni siquiera se han planteado. En esto siempre es tarde
porque en este juego de postergaciones eternas no solo se pierden bienes
sino también vidas. El aplazamiento infinito, este perverso esquema en
el que la inseguridad nunca se encara, es despiadadamente cruel.

Es tan grave lo que ocurre que se ha empezado a naturalizar lo
inadmisible. Se vive encerrado tras las rejas del hogar, con puertas que
se aseguran, no solo bajo llave, sino con nuevas técnicas que garanticen
su inviolabilidad. Salir a la calle implica asumir grandes riesgos
personales, prepararse para saber por dónde caminar, en que horarios y
bajo qué circunstancias. Ocultar relojes, pulseras o cadenas y evitar la
manipulación de dispositivos tecnológicos para no tentar a los
delincuentes ya es parte de la rutina.

Definitivamente esa no es la vida a la que aspira un ciudadano medio que
espera que su gobierno, al menos proteja su derecho a la vida, a su
libertad y a su propiedad. Si bien esas deben ser las funciones
fundamentales, la política sigue jugando a discutir si el Estado debe
ser empresario, constructor, inversor o prestador de servicios no
esenciales.

A no engañarse. Nada de esto sucede por casualidad. Tal vez la sociedad
se ha acostumbrado a vivir atemorizada, limitando su accionar cotidiano
porque le importa más resguardar su poder adquisitivo que la vida misma.

Es hora de que este asunto se ponga en el centro de la escena. No se
puede delegar semejante responsabilidad en manos de un funcionario o un
área que solo se dedique a los casos de mayor espectacularidad. La
situación merece otra actitud. Para eso la clase política, las distintas
jurisdicciones y sobre todo, la sociedad civil deben involucrarse y
comprometerse.

El tema preocupa y mucho, sobre todo porque ni siquiera se dispone de un
diagnóstico contundente. Los ciudadanos deben reclamar con mucha fuerza,
porque la política es hipersensible a las demandas de la sociedad,
siempre que esta sea capaz de sostener su intensidad y no caiga en la
dinámica espasmódica tan habitual en estos tiempos. Lo hecho hasta acá
es poco y a las luces de lo que acontece a diario, evidentemente
insuficiente. Lamentablemente la inseguridad sigue siendo esa prioridad
postergada.

Source: La inseguridad-esa prioridad postergada - Misceláneas de Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/56debfbf3a682e0430550f5d#.VuAYf5wrLjY

No hay comentarios:

Publicar un comentario