A Cuba le hace falta una presidenta
Fue gracias a las mujeres que la crisis de los años 90 no terminó de
destruir la estructura social
martes, marzo 8, 2016 | Ana León
LA HABANA, Cuba.- En Cuba es una realidad la igualdad de derechos entre
mujeres y hombres, si bien persisten ecos del machismo extendido, por
siglos, a lo largo y ancho del continente americano, particularmente en
el área geográfica de América Latina y el Caribe. En términos
constitucionales la mujer cubana tiene acceso a las mismas oportunidades
y remuneraciones que sus colegas varones. Pero en la praxis social el
fenómeno se torna mucho más complejo, especialmente porque ser mujer en
Cuba no se limita a los roles de trabajadora ejemplar, esposa y madre.
Desde hace algún tiempo, se vuelve con mayor énfasis sobre el hecho de
que la natalidad en Cuba ha disminuido drásticamente. Sin embargo,
cuando medios nacionales de comunicación deciden abordar las causas de
este descenso, colocan en primer lugar los deseos de la mujer cubana de
superarse profesionalmente. Para hallar los verdaderos motivos, nada más
efectivo que preguntar a las féminas cuya edad oscila entre 22 y 35 años
el porqué de no querer tener hijos.
Aunque la mayoría de las mujeres entrevistadas no quisieron revelar su
identidad y algunas solo aportaron su nombre, Victoria Rodríguez
–curadora de arte e investigadora– sostiene el interesante juicio de que
la maternidad ya ha dejado de ser una cuestión de planificación
económica. Esta joven de 28 años no tiene casa propia, razón fundamental
que le impide concretar su deseo de tener hijos: "El dinero no es
problema. Si yo tuviera mi casa, ya hubiese parido aunque solo contara
con mi salario de 400 pesos (16 USD). Cuando tienes un hijo tú luchas
más y el dinero aparece. Puedes estar convencida de que por muy mala que
esté la cosa tu hijo nunca se acostará sin comer porque tú no lo
permitirás".
El conflicto de Victoria lo es también de muchas mujeres cubanas que
–menos aguerridas– están planificando su exilio voluntario para darse la
oportunidad de tener una vida donde el problema no sea compartir con un
hermano una habitación de 3×3 metros cuadrados. Mientras tanto las
madres y abuelas, que en su momento fueron la vanguardia de la
revolución, deben soportar que la actual "no-revolución" aleje de sus
vidas lo único bueno y verdadero que han amado.
El problema de la emigración como horizonte de las aspiraciones
femeninas es que ello podría representar el desmoronamiento de la
sociedad cubana. Si la crisis de los años 90 no destruyó definitivamente
la estructura social fue porque las mujeres cubanas se inmolaron –en
todas las acepciones del vocablo– para proteger a los suyos. Este épico
gesto ha sido deliberadamente ignorado por los gobernantes cubanos,
quienes debieron haber tenido el valor de reconocer su fracaso político
ante la magnitud de un éxodo por mar que arrancó de sus hogares a miles
de hijos y nietos. La enorme deuda que el gobierno cubano tiene con esas
madres es impagable y acumulativa, pues cada día de supervivencia en
Cuba redobla la añoranza, el dolor y la impotencia de las mujeres que
perdieron a sus hijos a causa de un yerro político sin precedentes.
Que casi la mitad del parlamento cubano esté constituido por mujeres no
significa que tengamos un poder real, pues los rostros de la diplomacia
insular son todos masculinos. Basta prestar atención a los discursos de
Josefina Vidal (Directora General del Departamento de Estados Unidos del
MINREX) para percibir su apocamiento e inseguridad, como quien pone voz
a las decisiones de otro. Las mujeres del parlamento cubano son pasivas,
temerosas y adictas a la burocracia, ajenas a las penurias de las
"federadas de a pie".
Si el casi 50% de féminas que ocupan cargos en el gobierno sirviera para
algo, al menos las almohadillas sanitarias llegarían con puntualidad y
calidad a la farmacia. Si esas damas de "arribita" tuvieran poder real
para tomar determinaciones, no permitirían que las madres cubanas se
desgastaran resolviendo qué poner en la mesa o cómo calzar a sus hijos.
Si una sola de esas señoras tuviera el coraje de alzar su voz en
asambleas y demás aquelarres para poner el dedo en la llaga, los
hospitales maternos en Cuba tendrían mejores condiciones; las
canastillas alcanzarían para todas las embarazadas; la fecundación in
vitro sería una alternativa para potenciar la natalidad y no un
lucrativo negocio en el país de la medicina gratuita; las lesbianas
sentirían que el orgullo gay también requiere de su activismo; y las
madres –con el derecho que les asiste a sentirse bellas– no tendrían que
escoger entre un par de zapatos y la comida de la semana.
El mejor homenaje a las mujeres cubanas, estén donde estén, sería
–además de la incondicional admiración que se les profesa–, una disculpa
por parte de quienes han arruinado este país. En segundo lugar, bien
podría acontecer lo que más de uno anda comentando: ¡a Cuba le hace
falta una presidenta, pero que no sea Mariela Castro!
Source: A Cuba le hace falta una presidenta | Cubanet -
https://www.cubanet.org/destacados/el-mejor-homenaje-a-la-mujer-cubana/
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