A 60 años del informe secreto de Krushchov
Luis Cino Álvarez
6 de marzo de 2016
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – El pasado 24 de febrero se
cumplieron 60 años del informe secreto de Krushchov.
La tarde del 24 de febrero de 1956, en una sesión a puerta cerrada para
los delegados del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión
Soviética (PCUS), el Primer Secretario Nikita Sergéyevich Krushchov dio
lectura al informe sobre los crímenes de Stalin durante los 30 años de
su régimen de terror.
Pero el informe de Krushchov daba cuenta exclusivamente de los crímenes
de Stalin contra los comunistas durante las purgas (hubo 690 000
víctimas solo en la llamada Gran Purga, entre 1937 y 1938). Así,
quedaron fuera del informe las víctimas no comunistas, que fueron
abrumadoramente más, aun desde los tiempos de su antecesor Lenin, tan
asesino como Stalin: los seis millones de ucranianos muertos de hambre
durante la colectivización forzada de 1932-1933, las decenas de miles de
zeks de los gulags, los kulaks y sus familias enviados a Siberia, los
polacos, lituanos, alemanes del Volga, tártaros de Crimea, ingushes y
chechenos deportados. Crímenes de lesa humanidad, genocidios, que nada
tuvieron que envidiar a los de los nazis.
No fue hasta cinco años después, en 1961, durante el XXII Congreso del
PCUS, que Krushchov se referiría al total de las víctimas del
estalinismo, no solo a los comunistas purgados, y hasta propondría
erigirles un monumento que nunca se llegó a hacer.
Con su informe al XX Congreso del PCUS, lleno de hipócritas eufemismos
tales como "errores" y "abusos" para referirse al exterminio de millones
de personas, Krushchov se propuso, y en buena medida lo consiguió,
salvar al sistema al circunscribir solo al régimen de Stalin la política
criminal que había estado vigente desde el triunfo de la revolución
bolchevique en 1917.
El informe le sirvió a Krushchov para desembarazarse del clan de
estalinistas que obstaculizaban sus reformas. Poco más de un año
después, todos ellos habían sido apartados de sus funciones en el
partido y el gobierno. O mejor dicho: todos menos uno, el propio
Krushchov, que había sido jefe del partido en Ucrania en los años 30,
cuando las matanzas y las deportaciones forzadas estaban en su apogeo.
Años después, en sus memorias, un arrepentido Krushchov – pero solo de
los crímenes contra los comunistas– escribiría:
"Aquellos que fueron fusilados por centenares de miles permanecerán
sobre nuestras conciencias…Ahora sabemos que las víctimas de la
represión eran inocentes. Tenemos la prueba irrefutable de que lejos de
ser enemigos del pueblo, eran hombres y mujeres dedicados al partido, a
la revolución, a la causa leninista de la edificación del socialismo y
el comunismo… ¿Cómo pretender que no sabíamos lo que sucedió?…Sabemos lo
que era el reinado de la represión y de la arbitrariedad en el partido y
debíamos decir al congreso lo que sabíamos… En la vida de cualquiera que
ha cometido un crimen, llega un momento en que la confesión le asegura
la indulgencia, si es que no la absolución."
Conmovedor este Pilatos comunista, ¿no?
El informe al XX Congreso del PCUS, que permitió que el mundo entendiera
que no eran "infundios de la prensa burguesa de Occidente" las
atrocidades que se contaban de la Unión Soviética, marcó un punto de
inflexión en la historia del comunismo: fue el principio del fin.
Es triste que hoy muchos en el mundo todavía se nieguen a aceptar la
naturaleza intrínsecamente criminal del comunismo, un sistema que no
solo produjo a Lenin y Stalin, sino también a Mao, Pol Pot, la dinastía
de los Kim y muchos otros sicópatas similares.
luicino2012@gmail.com
Source: PayoLibre.com - Cuba - -
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