martes, 6 de mayo de 2014

Cuba y las inversiones extranjeras

Cuba y las inversiones extranjeras

Medio siglo de perimido pero caprichoso colectivismo ha dejado al pueblo
de Cuba sumido en el atraso. Su nivel de vida está claramente entre los
más bajos de la región. Es, en rigor, apenas algo superior al de Haití.

Por esto la dictadura cubana procura ahora atraer a la inversión
extranjera, para lo cual acaba de difundir su nueva ley de inversiones
extranjeras, aprobada unánimemente -como todo- por el Parlamento local
el 29 de marzo pasado. Reemplazará a una norma similar de 1995,
fracasada en su intento de atraer inversiones.

La nueva norma está llena de incentivos con los que se procura compensar
los aspectos obviamente negativos que tiene Cuba, los cuales
naturalmente espantan a muchos de quienes consideran en algún momento la
posibilidad de invertir en la isla. Entre esos datos sombríos figura el
régimen de gobierno absolutamente autoritario, que no respeta las
libertades de sus ciudadanos, incluyendo la libertad de expresión.
También, la realidad lamentable de que Cuba no cumple sus promesas, como
que no ha pagado la deuda que mantiene con la Argentina y otros países
que alguna vez creyeron, equivocadamente, en su palabra.

Precisamente para intentar compensar esos perfiles adversos, Cuba
gravará a los inversores extranjeros con apenas 15% de impuesto a las
ganancias que obtengan. Y, además, los eximirá expresamente de pagar
impuestos por la mano de obra que ellos contraten.

Los inversores externos no pueden sino ser empresas. Las personas
físicas, en cambio, no pueden calificar como inversores extranjeros para
la nueva norma. Pero lo cierto es que los cubanos en el exilio pueden
ahora hacerlo bajo la forma de sociedades.

La contratación de personal deberá hacerse a través del Estado, que así
seleccionará al personal que pueda o no ser contratado, en lugar de
hacerlo la propia empresa. Se trata, por cierto, de algo insólito, pero
en Cuba no existe la legislación avanzada de protección laboral que
caracteriza al resto de América latina. Y la adjudicación de los nuevos
empleos con carácter político es demasiado atractiva como para que un
gobierno omnipresente y asfixiante no la use como instrumento de control
social.

La idea ahora es radicar físicamente a las empresas extranjeras en una
zona franca por crearse en la zona de Mariel, donde empresas de Brasil
están construyendo un puerto de contenedores de última tecnología, único
en el Caribe, que no será manejado por el Estado cubano, sino por una
empresa de Singapur.

Desde allí se canalizarán las exportaciones cubanas, producidas por las
empresas extranjeras que se radiquen. Se tratará de un marco de
competencia que luce casi desleal, desde que la tasa de impuesto a las
ganancias cubana resultaría irrisoria, como ya se ha visto, y atento a
que los niveles salariales los determinará el propio gobierno cubano,
por lo que seguramente estarán entre los más bajos de la región.

Si Cuba quiere realmente tener inversiones externas, lo mejor que puede
hacer es cambiar de modelo económico y animarse a transitar la ruta que
han elegido países precisamente como Singapur, la de las economías
abiertas al mundo, que -con la necesaria dosis de confianza en sí
mismas- asumen los riesgos de la globalización. Cuba parece estar aún
muy lejos de eso.

Source: Cuba y las inversiones extranjeras - 06.05.2014 - lanacion.com
- http://www.lanacion.com.ar/1687958-cuba-y-las-inversiones-extranjeras

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