miércoles, 13 de abril de 2011

Retrato de familia

Retrato de familia
Wednesday, April 13, 2011 | Por Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) – El llamamiento a pensar como
cubanos a partir de los aportes a la identidad nacional del poema El
apellido, de Nicolás Guillén, no encontrará muchos seguidores en estos
tiempos. Más de medio siglo de patrioterismo revolucionario ha
restringido el concepto de cubanía al arroz con frijoles, la
gestualidad, el deseo de abandonar el país y el son.

Los símbolos nacionales se guardan en la memoria como amuletos para el
viaje. En ocasiones la palma y la mariposa se sustituyen por el olmo y
el tulipán. El recuerdo del himno y la bandera es ocupado por similares
atributos del Real Madrid. Por eso resultará difícil para los directivos
de la Fundación Nicolás Guillén, lograr que a 60 años de escrito el
poema El apellido, este pueda influir en la reafirmación de una
identidad que dejó de existir.

El anuncio de una edición masiva del poema, y la invitación a treinta
artistas a plasmar imágenes alusivas al texto, entre otras actividades
por la conmemoración, sólo llenarán en cuerpo y alma a sectores de la
intelectualidad nacional.

Mientras los organizadores expliquen en medio de coloquios y talleres
cómo en El apellido un descendiente de esclavos africanos indaga por su
remota identidad, miles de cubanos disecan su árbol genealógico en busca
de un abuelo español.

Cuando el declamador del poema de Guillén pregunte: ¿No tengo, pues / un
abuelo mandinga, congo, dahomeyano?, la fila de cubanos frente al
consulado español dará gracias a Dios por ser nietos de un gallego.

Y no es que renieguen de sus ancestros negros, sino que de nada les
sirve hurgar en sus orígenes africanos, si ninguno de esos países envía
euros ni facilitan la doble nacionalidad.

A estas alturas del ajiaco racial, más que negro, blanco, o amarillo,
miles prefieren tener un tatarabuelo español, que aunque haya sido
mayoral o negrero, les permite no ser ciento por ciento cubanos.

Además, pocos se preguntarán: ¿Sabéis mi otro apellido, /el que me viene
de aquella tierra enorme, / el apellido sangriento y capturado / que
pasó entre cadenas sobre el mar? Como lo hiciera hace 60 años Guillén.

A ninguno se le ocurriría gritar hoy que sus ancestros eran de Dahomey o
Senegal, ni preguntar si su apellido es Yelofe, Bakongo, Banguila, Kumbá
o Kumbé.

En un retrato de familia en la Cuba actual, muchos sueñan ser Montecelo,
Mondoñedo, Salvatierra o Modroño, y el sonido de gaitas, guitarras y
castañuelas les impide escuchar el del tambor.

vicmadomingues55@gmail.com

http://www.cubanet.org/articulos/retrato-de-familia/

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