La última función
Carlos Alberto Montaner
Me lo dijo un viejo y desengañado comunista cubano en un encuentro
relámpago que tuvimos recientemente en Madrid: "este Sexto Congreso del
Partido me recuerda esa atmósfera de tristeza y nostalgia que se respira
en los teatros que realizan su última función antes de ser demolidos".
Buena metáfora. La generación de Fidel, la que hizo la revolución, es ya
octogenaria. Se está despidiendo. A Fidel, que tiene 84, lo jubilaron
sus intestinos en el 2006, y Raúl, con casi 80, no tardará demasiado en
abandonar la escena. Él mismo se ha dado un plazo de tres a cinco años
para transmitir totalmente la autoridad y facilitar una especie de
relevo generacional "para que los herederos continúen la obra
revolucionaria".
¿Qué quiere decir eso? Nada, salvo mantenerse en el poder. Aunque siguen
repitiendo consignas, ya casi nadie cree en el marxismo-leninismo,
mientras el gobierno trata de escapar de la improductividad crónica del
sistema fomentando ciertos espacios para que la iniciativa privada
alivie el desastre del colectivismo. Al tiempo que aplauden los lemas
revolucionarios, los muchachos le llaman a Marx "el viejito que inventó
el hambre".
Los adultos, confidencialmente, reconocen este panorama. Después de 52
años de dictadura, y sin un parlamento hostil o una oposición que
obstaculizara la obra de gobierno, los seis elementos básicos que
determinan la calidad de vida de cualquier sociedad moderna se han
agravado hasta convertirse en pesadillas: la alimentación, el agua
potable, la vivienda, la electricidad, la comunicación y el transporte.
Raúl Castro, que es una persona realista, y que no se explica por qué
los niños cubanos no pueden tomar leche después de los siete años, no
ignora que su hermano ha sido el peor gobernante de la historia de la
república fundada en 1902. En 56 años de capitalismo, pese a los malos
gobiernos, la corrupción, las revueltas frecuentes y los periodos de
dictaduras militares, la Isla se convirtió en uno de los países más
prósperos de América Latina y La Habana en una de las ciudades más
hermosas del mundo. El sector público era mediocre o malo, pero la
sociedad civil funcionaba razonablemente bien.
En 52 años de comunismo, en cambio, sujetada con una correa que impedía
los alborotos, la sociedad se empobreció hasta los huesos y el paisaje
urbano adquirió la apariencia de un territorio bombardeado. El sector
público impuesto por los comunistas era terriblemente torpe,
infinitamente peor que el de la etapa capitalista, y la sociedad civil
(a la que ahora Raúl trata de darle respiración artificial para ver si
revive) había sido cruelmente aplastada.
Es con este melancólico diagnóstico con el que los comunistas cubanos
celebrarán su Sexto Congreso. Raúl ha convocado a una cúpula dócil a que
respalde sus tímidas reformas y legitime a los funcionarios
seleccionados. Se propone designar cuadros de menos de sesenta años,
pero los que había (Carlos Lage, Felipe Pérez Roque, Roberto Robaina,
Remírez de Estenoz) ellos mismos se encargaron de destruirlos.
¿Quién emergerá como el presunto heredero? Se menciona, sotto voce,
aunque nadie está seguro, a Marino Murillo, un economista de 50 años, ex
oficial del ejército y ex Ministro de Economía, despreciado por los
apparatchiks ("es un simple auditor, no un economista", me contó uno de
ellos especialmente sagaz), hoy a cargo de disciplinar al Partido para
que durante este VI Congreso acepte sin chistar los cambios propuestos
por Raúl. Se le atribuye una lealtad total al general-presidente y la
decisión de mantener los elementos fundamentales del sistema comunista,
aunque eliminando el paternalismo.
¿Tendrá éxito? No lo creo. Raúl, con el auxilio de Murillo, su entenado
ideológico, quiere construir un socialismo sin subsidio y un capitalismo
sin mercado. Eso es imposible. Ese disparate hay que enterrarlo, como
sucedió en Europa del Este. Sin embargo, no es improbable que, tras la
desaparición de los Castro, durante cierto tiempo las Fuerzas Armadas
mantengan férreamente el poder, pero sólo hasta que salte la chispa y
veamos en Cuba un desenlace violento. Quienes se empeñan en impedir la
evolución natural de la historia acaban provocando unas devastadoras
catástrofes.
http://www.elnuevoherald.com/2011/04/17/923320/carlos-alberto-montaner-la-ultima.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario