domingo, 17 de abril de 2011

Cuba, ¿en transición?

Cuba, ¿en transición?
17/04/2011 00:02 , por Lucas Viano

Como el Chevrolet 52 que conduce Michel todos los días de La Habana a
Varadero, el país socialista necesita un nuevo motor para atravesar el
momento más difícil de la Revolución.

Michel conduce su Chevrolet modelo 52 desde La Habana a Varadero
infinitas veces al día. Lleva turistas. Por afuera, el auto está
impecable hasta el último detalle. Pero adentro del capó, Michel le ha
colocado un motor Toyota 2008.

Para poder trabajar y progresar, Michel necesitó un cambio profundo en
su auto. Algo similar le ocurre a la Cuba actual. Debe cambiar.
Cualquier cubano dirá que están en el momento más decisivo de la
Revolución. Más que el Período Especial y que la Crisis de los Misiles.
El país que para muchos es la utopía socialista no puede seguir en
marcha. Necesita reparaciones.

Para buscar esta transformación, el Partido Comunista de Cuba (PCC) y
todos los cubanos debatirán este año nuevos lineamientos económicos y
sociales.

"Hemos vivido 50 años con adelantos, retrocesos, muchos logros pero
también dificultades. Y lo cierto es que estamos en una encrucijada que
nos hace pensar en rectificaciones de nuestro proceso
histórico-político-económico. Tenemos que reenrumbar la marcha", escribe
Mario Mencía, reconocido periodista, en la revista Bohemia (oficialista).

Con la aprobación del documento, se aspira a liberar el trabajo por
cuenta propia, reducir las plantillas infladas de las empresas estatales
para que sean más eficientes, fomentar el trabajo agrícola, eliminar
progresivamente la libreta de abastecimiento por la que todos los
cubanos tienen garantizada una ración mensual de alimentos, entre otros
puntos.

La gente con la que hablamos lee los lineamientos entre la esperanza y
la incertidumbre. Advertimos que buena parte de los cubanos está
orgullosa de lo que logró la Revolución en educación, salud, asistencia
social y presencia ante las potencias mundiales, pero quieren progresar
y pensar que están en un nación justa. Se sienten asfixiados.

Estela es guía del Hotel Nacional de Cuba. Mientras cuenta la historia
arquitectónica y social de este monumento histórico, se permite hablar
de la actualidad de su país. Recuerda la época de la Crisis de los
Misiles y dice: "Fue un momento difícil, pero el actual es el más
difícil de toda la Revolución".

Asegura que sin las propinas de los turistas no podría vivir. Está
jubilada y, como todos, tiene su libreta de abastecimiento, pero no
alcanza. Aunque más se indigna con las inequidades del igualitarismo
cubano. Ve que el sistema no promueve el trabajo digno entre la
juventud, que prefiere ganarse la vida por otro lado, en busca de
divisas. "Si gana en dólares, no necesita trabajar todo el mes. Hace
unos dólares y después se dedica a no hacer nada", dice.

Los adolescentes son el termómetro que mejor refleja el momento cubano.
Es la generación que menos presente tiene el espíritu revolucionario, a
pesar de que lleva con orgullo su nacionalidad. ¿Cómo explicarles a
ellos que la Revolución es buena si desde inicios de la década de 1990 a
esta parte vivieron al límite de no tener comida, con cortes de luz, sin
acceder al mínimo de vestimenta? No vivieron la bonanza cubana que
significó la relación carnal con la URSS. Mientras, a cuentagotas, la
inquietud juvenil les hace buscar en Internet y otros canales qué es eso
del capitalismo y la globalización.

Ahora saben que el futuro puede no tenerles reservado un trabajo en el
Estado. O si lo tienen, saben que con los 400 pesos mensuales (el sueldo
promedio de un cubano, que equivale a 16 dólares) no podrá llegar a fin
de mes. En nadie más que en ellos está presente la necesidad de un cambio.

¿Un millón de desempleados? La actitud paternalista de un Estado que lo
cubre todo generó un exceso de trabajadores que no sólo hace
ineficientes a las empresas sino que le quita valor al trabajo. Ahora
sobra un millón de trabajadores (el 20 por ciento de la fuerza laboral
del país) que paulatinamente deberán buscarse otro empleo por su cuenta.
Para ello, el gobierno ha liberado 178 actividades que se pueden
realizar en forma privada. Una de ellas, que se practica desde hace
tiempo, es la posibilidad de alquilar habitaciones a los turistas.

Olimpio debe pagar 200 dólares por mes de impuestos por cada habitación
que alquila a turistas a 25 dólares la noche. También está jubilado. El
impuesto se hace difícil de pagar en temporada baja. Además, debe abonar
un porcentaje de sus ganancias a fin de año, como segundo impuesto.
Protesta porque quiere mayor libertad.

El sistema tributario ahoga a muchos cubanos como Olimpio. Además, si
contratan personal, le deben pagar un sueldo 50 por ciento más alto que
el que fijó el Estado. Y también hay prohibiciones arbitrarias. Por
ejemplo, los "paladares" (restaurantes familiares) no pueden tener más
de 20 sillas, y las peluquerías, no más de tres.

Alberto trabaja en un paladar en Santiago de Cuba, pero también es
cocinero de un hotel. Dice que el trabajo que en el hotel hacen ocho
personas lo podrían hacer dos. En el paladar, el pizzero confiesa que ya
fue echado de su trabajo junto con otras 80 personas, la mitad de plantel.

Generar trabajo por cuenta propia se complica en un país que tiene
dificultades para acceder a insumos por dos motivos: la pobre industria
local, que no puede proveer de materia prima, insumos y herramientas, y
el bloqueo de Estados Unidos que impide el ingreso de algunos productos
y encarece los que pueden ingresar. Cuba estimó en 240 mil millones de
dólares las pérdidas que hasta 2009 ha ocasionado el bloqueo. Eso
equivale al PIB cubano de dos años.

Debate popular. Los nuevos lineamientos surgidos desde el Partido
Comunista fueron debatidos por todos los cubanos en los Comités de
Defensa de la Revolución (CDR). Creados en la década de 1960 para
proteger a la Revolución en cada cuadra, ahora son centros vecinales
(hay uno por manzana) en los que se debaten temas sociales y de donde
surgen los dirigentes del régimen. Los críticos señalan que los CDR son
una herramienta de control estatal para monitorear las actividades
disidentes y ejercer violencia verbal y física, según un informe de
Amnistía Internacional de 2006.

También se discutió en las empresas. Allí los debates fueron duros
porque el miedo a quedarse sin trabajo es real. Pero también hay
autocrítica. Los trabajadores son conscientes de que hay plantillas
infladas y de que muchas empresas no son rentables. Para revertir esto,
reclaman más autonomía para planificar desde la empresa, mayor inversión
en equipamiento más moderno y terminar con el igualitarismo. Quieren
equidad: que se premie al que trabaje más y mejor.

"Ante la situación muy crítica que afrontamos, de elevado endeudamiento
externo, déficit de la balanza de pagos e ineficiencia económica, la
salida es ser eficientes. Es la manera de eliminar ese déficit y de
obtener divisas suficientes para desarrollar el país", afirma el
economista Joaquín Infante Ugarte.

El arco disidente cree que estos cambios son "pocos, limitados y
tardíos", según describe en su libro Cambios en Cuba el economista Oscar
Espinosa Chepe, quien fue detenido y luego liberado por manifestar ideas
contrarias al gobierno. "El gobierno sólo les pone parches a las fuentes
principales de los problemas actuales. El sistema socioeconómico, que no
ha funcionado, es irreparable y está mal gestionado, así como el régimen
político totalitario carente de libertades civiles fundamentales", resume.

Otro cambio que se plantea es eliminar el igualitarismo que supone la
libreta de abastecimiento. Con este sistema, el Estado distribuye
alimentos subsidiados a todos los cubanos, los pobres y los que acceden
a ingresos en dólares. Se recauda sólo la octava parte de los 26 mil
millones de pesos que se gastan en él. Además, no cubre las necesidades
nutricionales. El problema es que no puede eliminarse el subsidio de
golpe. De hacerlo, el consumidor adulto debería dedicar un tercio de los
400 pesos del sueldo promedio a comprar esos alimentos.

La legalización de la venta de propiedades y vehículos genera
expectativas. Ahora sólo se permite permutar viviendas de iguales
características. Sin embargo, hay un mercado ilegal. El Paseo del Prado,
en La Habana, es el centro inmobiliario por excelencia.

Con los autos sucede lo mismo. Sólo pueden venderse los que circulaban
antes de la Revolución de 1959, como el taxi de Michel. Algunos
funcionarios, deportistas o artistas pueden recibir una autorización del
Estado para poder comprarse un auto.

Para muchos, en especial jubilados, vender su casa o su auto
significaría un ingreso extra para invertir en algún emprendimiento. El
propio Raúl Castro ejemplificó este cambio, al presentar los
lineamientos: "Si yo tengo un carrito, un cacharrito, y es mío, tengo
derecho a vendérselo al que me dé la gana", dijo en diciembre a la
Asamblea Popular, el órgano legislativo de Cuba.

Tierras ociosas. Hay datos de Cuba que sorprenden. Por ejemplo, que
tenga que importar café cuando es uno de los países cafeteros de fama
mundial. Ocurre que el 50 por ciento de las tierras cultivables están
ociosas. Buena parte de los lineamientos apuntan a crear una revolución
agrícola. Otra vez surgen los interrogantes: ¿de dónde se obtendrán las
inversiones en maquinarias y otros insumos? ¿Y de dónde la mano de obra
en un país en el que el 60 por ciento de los trabajadores son
profesionales del sector de servicios?

Con trabajo, Michel y su familia han logrado ser eficientes y progresar
como quieren todos los cubanos. Han logrado que el campo arrocero
heredado sea rentable a pesar de las imposiciones estatales. Y con su
taxi le va bien porque cobra en dólares. "Si uno trabaja y se esfuerza,
es fácil y lindo vivir en Cuba. No vale la pena irse", asegura.

Cuba es bella y original como el Chevrolet 1952. Michel, como cualquier
cubano, tiene la alegría en la piel y la conversación al borde de los
labios. A pesar de los sinsabores, los cubanos disfrutan vivir en su
país, como Michel disfruta manejar su auto.

Entonces, resulta difícil comparar el auto de Michel con una potente
camioneta 4x4 estadounidense o un auto made in Mercosur. Lo mismo sucede
si se quiere confrontar Cuba con otros países. Quizá lo más justo sería
comprender a Cuba dentro de la región. Pensar en las desigualdades
abismales que hay en República Dominicana, en la pobrísima Haití o en la
prometedora Costa Rica. Por cultura y geografía, Cuba es más parecida a
esos países.

Pero además de caribeña, la isla es socialista. Más de 50 años de
régimen han arraigado una cultura difícil de ver en otros países del
mundo. Ahora la isla necesita reparaciones económicas, pero no quiere
renunciar a esa idiosincrasia genuina que la ha convertido en un país
utópico para muchos. ¿Podrá cambiar el motor sin perder su autenticidad?

http://www.lavoz.com.ar/cuba/cuba-transicion

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