Publicado el lunes, 06.17.13
El internet en Cuba: malo, feo y caro
ALEJANDRO ARMENGOL
Hay dos chistes judíos al inicio de Annie Hall. Woody Allen se dirige a
la cámara y los cuenta. El primero se refiere a dos mujeres que se
quejan de la calidad de los alimentos en un centro turístico. La primera
dice: "La comida en este sitio es pésima". La otra le responde: "Sí, me
he dado cuenta. Y las porciones tan pequeñas". El segundo tiene un
pedigrí realmente notable, porque por lo general se le atribuye a
Groucho Marx, pero donde apareció originalmente fue en El chiste y su
relación con el inconsciente, de Sigmund Freud. Es el siguiente: "Nunca
quiero pertenecer a un club que le gustaría admitirme como miembro".
Ambos resumen muy bien la esencia del internet en Cuba.
Hace poco el gobierno cubano puso en funcionamiento 118 lugares públicos
especialmente acondicionados para la navegación por internet en toda la
isla: Las agencias cablegráficas se apresuraron a difundir la noticia
como una ampliación del servicio y a destacar que se podían visitar sin
censuras portales como el blog de Yoani Sánchez, Generación Y, así como
este periódico. También señalaron el elevado costo del servicio.
Las tarifas fijadas por ETECSA son de 4.5 pesos convertibles (CUC) por
hora para la navegación plena, 0.60 CUC por hora el acceso a la red
local (intranet) y 1.50 CUC por hora para revisar correos. Estos precios
convierten al internet en Cuba en uno de los más caros del mundo –o
quizá el más caro–, lo que lo sitúa fuera del alcance de la mayoría de
la población. El sueldo básico en la isla es de 250 pesos (10 CUC).
Por otra parte no hay duda que es –más que un paso de avance– una nueva
grieta en el muro del aislamiento que por décadas ha impuesto el régimen
de los hermanos Castro. Hasta la fecha el acceso internacional pleno
estaba limitado a los hoteles o en pocos casos mediante permisos
especiales para firmas extranjeras.
Sin embargo –y toda apariencia de una buena noticia en Cuba siempre
viene acompañada de un pero– desde el principio quedaba claro que el
sistema no solo era extremadamente costoso sino sujeto a una vigilancia
constante.
En las oficinas que prestan el servicio hay que firmar un contrato,
antes de sentarse frente a la pantalla del ordenador, donde se advierte
que no se debe usar el servicio para "acciones que puedan considerarse
(…) dañinas o perjudiciales para la seguridad pública". Se trata, como
bien ha especificado Yoani Sánchez, de "una espada de Damocles que
podría ser interpretada también a partir de considerandos políticos e
ideológicos".
Claro que los defensores del régimen castrista pueden alegar que la
vigilancia, no solo del internet sino de las comunicaciones en general,
incluso las telefónicas, es una realidad del mundo actual. En este país
ha vuelto a salir a relucir la existencia de un sistema extenso y
detallado de escucha y grabación de conversaciones, puesto en práctica
tras los atentados terroristas del 9/11 por el gobierno del entonces
presidente George W. Bush.
Aunque el supuesto argumento es ridículo, porque no hay comparación
entre perseguir potenciales terroristas y vigilar cualquier posible
muestra de oposición, rechazo y disidencia. Pero –y seguimos con los
peros cubanos– hay algo más.
En lo que las agencias se equivocaron o no especificaron, es que no sólo
los sitios de referencia, que se señalaban como ejemplos de apertura
ideológica, podían ser visitados con anterioridad, sino que otros
censurados seguían sin poderse ver en Cuba. Es decir, que "el cuartico
está igualito", para decirlo con una frase musical cantada por Panchito
Riset, bolerista y sonero ilustre.
Fue también la propia Yoani quien se encargó de advertir que persisten
las "webs prohibidas".
"Entre los sitios censurados en esta conexión se encuentran
Cubaencuentro, Cubanet y Revolico", escribió Sánchez en su blog.
(Un detalle que no es interesante, pero sí interesado: quien escribe
este artículo es director editorial de Cubaencuentro.)
La razón para que tres sitios tan disímiles –dos dedicados a la
información y el análisis de la situación cubana e internacional y otro,
Revolico, que brinda anuncios clasificados– es tan oscura como la propia
censura. La conclusión sencilla: el régimen cubano se reserva la
potestad de no permitir que los cubanos se enteren de "cosas que
ocurren", desde la venta de un cachivache hasta la detención de un
disidente o una entrevista a un economista destacado.
Es en este sentido que la realidad cubana no es la misma pero es igual:
si bien hay temas que se pueden hablar, nombres de escritores y artistas
que se pueden citar y comentarios que se pueden hacer, algo que
resultaba imposible hace pocos años, las pautas de libertad permitida
las sigue determinando el poder central desde la Plaza de la Revolución.
Los cubanos pueden ahora entrar a una oficina y acceder a internet, pero
les cuesta demasiado, los vigilan mucho y les siguen censurando en exceso.
Source: "ALEJANDRO ARMENGOL: El internet en Cuba: malo, feo y caro -
Opinión - ElNuevoHerald.com" -
http://www.elnuevoherald.com/2013/06/17/v-fullstory/1500203/alejandro-armengol-el-internet.html
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