viernes, 13 de mayo de 2011

Radiografía de una muerte anunciada

Publicado el viernes, 05.13.11

Radiografía de una muerte anunciada
Ariel Hidalgo

No mucho antes de su muerte, Juan Wilfredo Soto García, conocido con el
mote de "El estudiante", había alertado por vía telefónica a Radio Martí
de las amenazas de un oficial de Seguridad del Estado por apoyar al
conocido disidente Guillermo Fariñas: "Atente a las consecuencias que te
puedan pasar", le había advertido y Soto había responsabilizado a la
Seguridad cubana y al Gobierno y la policía de Santa Clara "por lo que
pueda sucederme de ahora en adelante". En la mañana del jueves cinco de
mayo es detenido en el parque Leoncio Vidal. Según la versión oficial,
su arresto fue motivado por generar un escándalo público. Pero según
versiones independientes, no estaba realizando protesta alguna sino
conversando con algunos amigos y el único escándalo público consistió en
haberse resistido a abandonar el parque cuando un policía lo conminó a
desalojarlo. Los medios cubanos alegan que se trataba de un hombre
enfermo, y que las razones de su muerte, tres días después, fueron
naturales: una "pancreatitis aguda". Pero algunos testigos alegan que
fue objeto de una "brutal golpiza" con una porra de goma mientras estaba
esposado. Es evidente que un porrazo en el páncreas puede causar,
"naturalmente", una pancreatitis aguda.

Cierto que sus problemas de salud databan de mucho antes. ¿Por qué se
agravan a partir del mismo arresto hasta el punto de que un oficial
ordena de inmediato su hospitalización? Es atendido en el hospital
Arnaldo Milián Castro, y dado de alta esa misma mañana. En el trayecto
de regreso a su hogar en un bicitaxi, se encuentra con un amigo y
correligionario, el pastor bautista Mario Lleonart Barroso, quien se
percata de su rostro contraído por el dolor. Soto le dice: "Me acaban de
golpear salvajemente en el parque". Y añade: "Me mataron". En cuanto se
separan, Lleonart informa a varios amigos comunes a través de un tweet
que se registra a las 11:55 a.m. Debido a su creciente dolor, al
siguiente día, en la mañana del viernes, Soto vuelve a la unidad de
cuidados intensivos, donde muere dos días después, a las 12:30 a.m. del
domingo. No hablen, por tanto, de "tres días" de diferencia para
descartar una relación causal entre arresto y muerte.

¿Policías cubanos matando a alguien a golpes? No dudo que en Cuba haya
policías amables y tolerantes, pero todo el que haya pasado una parte de
su vida recluido en centros penitenciarios del país sabe perfectamente
que hay otros muchos capaces de los actos más despreciables.

Independientemente de las diferentes versiones hay cosas que nadie ha
negado: que su muerte se produjo tras su arresto y que su arresto se
debió a su negativa a abandonar el parque. La consigna de que "la calle
es de los revolucionarios", no resiste el más ligero análisis. Ninguna
dictadura anterior llegó tan lejos. Por supuesto que se entiende en este
caso el término "revolucionario" como sinónimo de incondicionalidad al
poder absoluto que rige actualmente en Cuba y no en su original sentido,
pues esa dirigencia dejó de serlo cuando después de expropiar a
capitalistas y terratenientes, despojó también a los trabajadores
independientes hasta de sus más modestos medios de labor para convertir
a todos los obreros cubanos en meras tuercas de la maquinaria estatal.
Por el contrario, son ellos los que con toda justicia merecerían el
calificativo que injustamente nos endilgaban en prisión:
contrarrevolucionarios.

Hay argumentos ridículos para restar importancia al hecho como que
Wilfredo no era un verdadero disidente sino un "opositor" que deseaba el
total desmantelamiento del sistema. Pero ser opositor, de cualquier
gobierno que sea, es un derecho legítimo reconocido internacionalmente.
Opositores fueron también los miembros de la actual dirigencia histórica
durante el batistato, quienes, a propósito, no llegaron al poder tirando
flores sino bombas que estallaban en los cines y otros lugares públicos
con víctimas inocentes. El Colegio José de la Luz y Caballero de Antilla
donde aprendí mis primeras letras fue destruido por las llamas por
participar en un desfile que los insurgentes boicoteaban. ¿Cuántas
bombas había puesto Soto García? ¿Practicaba, acaso, la violencia? Todo
lo contrario. Su posición era pacífica, y defender cualquier proyecto
sobre la Cuba futura , estemos o no de acuerdo, es una opción legítima
que merece todo nuestro respeto. Esperemos, no obstante, los consabidos
expedientes penales que "probarán" que Soto era un "vulgar delincuente".

Siendo partidario de la reconciliación nacional entre todos los cubanos,
nada me agrada denunciar un hecho como éste. Pero a la meta de una Cuba
moralmente superior no se llega velando la verdad, sino enfrentándola.

Infoburo@AOL.com

http://www.elnuevoherald.com/2011/05/13/940402/ariel-hidalgo-radiografia-de-una.html

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