sábado, 18 de marzo de 2017

Deudas y deudas del cubano de a pie

Deudas y deudas del cubano de a pie
FRANK CORREA | La Habana | 18 de Marzo de 2017 - 08:59 CET.

Contraer deudas es uno de los actos más ignominiosos que existen, pero
endeudarse es parte del mecanismo de subsistencia del hombre ideado a
través de los siglos. En estos momentos el pueblo cubano está endeudado,
hasta el hueso. Y no por la deuda externa, que esa es un problema del
Gobierno... Hablo de la deuda que ha ido contrayendo la gente con el
Estado, o endeudándose entre ellos mismos, y ahora son esclavos de los
acreedores.

Con la "Batalla energética" se endeudó una gran parte del pueblo, que
tuvo que entregar sus refrigeradores americanos o rusos por los nuevos
chinos, que valían 5.675 pesos. Y el Banco Nacional acosa con sus
inspectores casa por casa, haciendo pagar hasta al más pinto.

Menos a José Misael Chomat, residente del callejón de Jaimanitas, que
jura que no va a pagar esa deuda del refrigerador chino. "Yo tenía un
Philco americano de 1950 que jamás había pestañeado. No lo quería
cambiar, pero la tercera vez vino la presidente del CDR con un técnico
de refrigeración y un policía, junto a la trabajadora social, que era la
que llenaba la planilla para dejarte endeudado. Traían un camión con
viejos refrigeradores arriba, recogidos en otras casas, y cuando dije
que no iba a cambiar mi Philco, el policía dio un paso adelante y puso
cara fea. La del CDR me dijo 'Lo nuevo es lo nuevo', y casi se llevaron
mi refrigerador a la fuerza. Recuerdo que el técnico le echó un ojo a
la máquina cuando la subían al camión y se asombró de que aún estuviera
sellada de fábrica. ¿Tú crees que llegaría al almacén…?".

Dice Chomat que el banco le ha enviado varias citaciones y en la última
lo amenazaba con llevarlo ante los tribunales. "Será mi propia guerra,
hasta el fin, en honor de mi Philco. El HAIER chino ya se rompió, ¡y
todavía quieren que les pague 5.675 pesos!"

Muchos cubanos como Chomat sufren esta deuda del HAIER con el Estado,
como también decenas de miles de familias se endeudaron con "Útiles de
cocina", un módulo distribuido por núcleo que consistía en una olla
reina, una olla arrocera, una hornilla eléctrica, un calentador de agua,
un jarrón de leche y un set de menaje, por 1.500 pesos, a pagar a plazos.

Otra deuda del pueblo es la adquirida a préstamos para reparación de
viviendas. Ahora esas familias tienen por delante una vida de trabajo
para pagar, un compromiso que los ahoga, los desconcierta, porque ya de
por sí esta cara y dura la vida en Cuba y, además, ¿vivir endeudado?

El número de garroteros (prestamistas) se ha disparado en los barrios.
Prestan dinero con interés a sus vecinos y adquieren de garantía joyas
y electrodomésticos, que los dueños casi siempre pierden al no poder
recuperarlos. Muchos cubanos encuentran en esos garroteros una tabla de
salvación para salir de apuros, pero después son una espada colgando
sobre sus cabezas.

Un tipo de deuda dura que sufre el cubano es la comida. Los carniceros
de los pueblos tienen su gente "a quien fiar" y de esta manera
garantizan una venta diaria de carne de puerco. Las familias resuelven
el problema de la comida ese fin de semana y cuando llega la hora,
"cuesta el doble aquella carne… pero hay que pagar, es un compromiso
contraído, es nuestra palabra", dice Esteban, un padre de familia.

¿Y los presos del alcohol… y las drogas? ¿Y las deudas morales… y las
deudas de honor?

Pero de todas las deudas que azotan al cubano hoy, la más dura es la
ropa, por afectar a un mayor número de familias. Las "mulas" cubanas que
viajan a Panamá, Ecuador o Perú compran ropas al por mayor que
revenden en Cuba a precios de susto, constituyendo un negocio muy
lucrativo. Un jeans que en el Albrook Mall de Panamá cuesta 2,99 dólares
en La Habana cuesta ¡20 CUC! O sea, 25 dólares.

Las vendedoras van casa por casa enseñando su mercancía, probándoselas a
los niños, metiéndosela por los ojos a los padres, comprometiéndolos
ante sus hijos… y siempre vence la imperiosa necesidad de calzar,
vestir, lucir como manda Dios. "Después pasamos a cobrar", dicen las
vendedoras, y se van.

Muchas son cristianas. Primero ministran el Evangelio y oran por las
familias, por los niños, por los enfermos, piden bendición y progreso
para esas casas, y que se suplan todas las necesidades, y luego sacan la
ropa. Como si se hubiera obrado el milagro, aparecen los pantalones, las
camisas, los abrigos, las sayas, las blusas.

Después que se marchan las negociantes, estos cubanos quedan en un
desasosiego que ni les permite dormir tranquilos pensando qué inventar
para, no solo acometer el duro día que se les viene encima, si no para
poder pagar sus deudas.

Source: Deudas y deudas del cubano de a pie | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1489790450_29741.html

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