lunes, 9 de enero de 2017

Prohibir el culto a la personalidad… para mantenerlo

Prohibir el culto a la personalidad… para mantenerlo
Los intelectuales y artistas del oficialismo mantendrán la adoración a
Fidel Castro
Miércoles, diciembre 28, 2016 | Alberto Roteta Dorado

FORT PIERCE, Estados Unidos.- El parlamento cubano aprobó este martes un
proyecto de ley mediante el cual el nombre del recién fallecido dictador
Fidel Castro no podrá ser utilizado para designar instituciones, plazas,
parques, avenidas, calles y otros espacios públicos, cualquier tipo de
condecoración, reconocimiento o título honorífico, así como
comercializar su imagen, lo que se hace "como expresión de la voluntad y
la ética política que siempre acompañó a Fidel".

El documento hace extensiva su prohibición para los casos de monumentos
y tarjas conmemorativas. De igual modo se hace referencia a la
imposibilidad de hacer uso de la figura del Dr. F. Castro en relación
con "el tráfico mercantil, o con fines de publicidad comercial".

A estas alturas y después de tantos años rindiéndole culto al llamado
"eterno comandante" —que ya per se es una manera de adorarle—, qué más
da tributarle culto a su personalidad ahora que ya no pertenece al mundo
terrenal.

Los de mi generación no necesitamos revisar documentos o imágenes de
archivo para precisar o verificar detalles respecto a las desenfrenadas
formas de adoración que desde los inicios de la revolución se practicaron.

Acudimos a nuestra memoria para saber desde cuándo se le empezó a rendir
un inexplicable culto a aquel que se apoderaba de los sentimientos de
las multitudes, manipulándoles con cautela y alevosía hasta lograr sus
objetivos, entre los que se encontraba esa necesidad de adoración
enfermiza comparable a la de Hitler o Stalin.

Recordemos que durante los primeros años del llamado proceso
revolucionario las imágenes del tradicional sagrado Corazón de Jesús,
que con devoción la mayoría de las familias cubanas tenían en sus
hogares, fueron sustituidas gradualmente por las enormes fotos, afiches
o pancartas que de manera seriada reproducían la imagen del hombre
barbudo en la plenitud de su lozanía, o las placas metálicas que decían:
"Esta es tu casa Fidel" que se ponían en las puertas de las viviendas.

Pero el culto a la personalidad no se limita a las adoraciones de
imágenes de un líder o mandatario, sino que va más allá y se expresa a
través del fanatismo que directamente puede desencadenar su propia
imagen corporal, o la que se llega a hacer a través de la reiteración
emotiva de frases y consignas que se llegan a idealizar hasta el
cansancio, de modo que cualquiera las puede repetir mecánicamente
después de haberlas escuchado o leído durante décadas.

"Jamás renunciaremos a nuestros principios", "los cienfuegueros son
firmes, no hay dudas", constituyen ejemplos de frases a través de las
cuales se ejerce un culto a su autor, las que durante décadas visualicé
y permanecen grabadas en mi mente, cual vulgares fetiches, sin poder
desprenderme de ellas, como le sucede a multitudes que han estado
repitiendo su "patria o muerte", y más tarde su "socialismo o muerte",
lo que hace que indirectamente se le venere.

Ese excesivo culto fue sutilizándose con los años, y ya hacia la década
de los ochenta se empezaron a retirar de las salas de las casas cubanas
los colosales cuadros del dictador. Desde entonces se fueron limitando a
las oficinas de todos los centros de trabajo, independientemente de la
rama a la que se dedicasen y sin ser necesariamente sitios militares o
educacionales. De hecho, la nueva ley tiene un aparte para estos casos
al precisar que no se impondrán "limitaciones al uso, en actos públicos,
de la iconografía e imágenes acumuladas en la trayectoria revolucionaria
del comandante en jefe, y se mantendrán sus fotos en centros de trabajo
o de estudio, unidades militares e instituciones".

Pero la nueva disposición tiene un aspecto que permite libremente que se
continúe realizando esa idolatría que engrandeció sobremanera su
incontrolable ego. El secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta,
señaló durante la lectura de la propuesta legislativa que también será
"válido" que un artista se inspire o utilice la figura de Fidel para
crear en cualquier expresión, lo que será explotado en toda su plenitud
a través de la literatura, la danza, la pintura, la escultura, la
música, el cine y toda aquella manifestación que pueda incluirse en la
amplia bolsa de "manifestación artística".

Tal vez se realicen ciertos encargos —aunque nunca se explicará el
proceder y parecerán que han sido inspiraciones voluntarias de los
creadores— a prestigiosos compositores dentro de la línea de la música
culta y pudiera surgir alguna cantata que, utilizando los recursos
expresivos del género, permita narrar la epopeya desde el Moncada hasta
la Sierra, o una sinfonía, siguiendo los códigos de la "Canción de
gesta" de Brouwer, para ofrecernos una emocionada síntesis de la vida de
aquel que cambió para siempre el curso de la nación cubana.

Sobre las biografías en serie ya tendremos ocasión de comentar en los
próximos meses, y —por qué no— de los desatinados versos de los "poetas
revolucionarios" al estilo del versátil cabecilla de los espías
liberados, o las canciones trovadorescas que a modo de piezas de museo
se empeñarán en perpetuar su inexistente presencia.

De ahí que esta "prohibición" de la imagen del polémico dictador para
evitar el llamado culto a la personalidad carece de sentido. No hay
diferencias entre la idea de su nombre en una avenida, una escultura en
algún parque, o un centro jurídico bautizado como "Notaría Dr. Fidel
Castro" y los enormes murales y carteles que nos persiguen por todo lo
largo y ancho de la mayor de las Antillas, los que ofrecen una amplia
panorámica a través de su imagen, o de sus frases entresacadas de sus
kilométricos discursos, o de sus absurdas reflexiones.

La otra excepción que hace el proyecto de ley está en relación con poder
poner su nombre a ciertas instituciones, las que, de acuerdo a las leyes
se constituyan para el estudio y difusión de su pensamiento. Así que
esperemos por las orientaciones para la creación de los grupos de
estudios fidelistas o de las asociaciones en todos los municipios y
provincias del país para profundizar en su "extraordinaria" obra, más
que escrita, pronunciada.

Así las cosas, la ley es flexible y sobre todo da riendas sueltas a los
creadores, entre los que hay muchos que son simpatizantes del régimen— o
al menos aparentan serlo—, los que se encargarán de continuar un culto
al "invicto comandante", prolongando lamentablemente una agonía que se
inició desde los tiempos en que se colocaba la frase: "Esta es tu casa,
Fidel".

Source: Prohibir el culto a la personalidad… para mantenerlo | Cubanet -
https://www.cubanet.org/colaboradores/prohibir-el-culto-a-la-personalidad-para-mantenerlo/

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