jueves, 12 de enero de 2017

El duro camino de la libertad

El duro camino de la libertad
Daniel Santovenia continúa preso y debemos exigir su libertad
Jueves, enero 12, 2017 | Ángel Santiesteban

LA HABANA, Cuba.- El 6 de enero, después de guardar prisión durante
veinticinco años, la dictadura decidió otorgar la libertad al preso
político Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso, libertad a la que también
tiene derecho Daniel Santovenia Fernández. Ambos fueron procesados por
la misma causa e idénticas serían también las condenas, sin embargo
Daniel permanece aún en prisión. Ambos debieron salir en libertad
condicional desde hace trece años, pero la dictadura los mantuvo
encerrados, aun cuando irrespetaran la misma ley que ellos crearon.

Enfermizo es el ensañamiento del gobierno con estos dos buenos hombres
cuyo único delito fue desear y luchar por un país libre. Ellos no podrán
olvidar jamás todos los sacrificios que tuvieron que hacer sus
familiares; entrando a Cuba por terceros países, estrategia que hacía
enormes los gastos, y todo para encontrarse con sus seres queridos por
una hora y nada más.

Y peor aún resultaba la macabra decisión de no permitirles recibir
comida ni artículos de aseo. El código dejaba bien claro que eran dos
las horas de visita y además anunciaba que se permitía la entrega de
alimentos y otros artículos necesarios en ese cautiverio. A estos
familiares venidos desde el extranjero a ver a sus presos no les estaba
permitido vivir en casa de sus familiares en la isla, ellos estaban
obligados a hospedarse en un hotel del gobierno, estaban obligados a
gastar mucho más.

En octubre del 2001, Santovenia, Pedroso e Ifraím, otro preso político
que sufría también por esas macabras decisiones, resolvieron hacer una
huelga de hambre para exigir los derechos que debían asistirlos. Pasados
cinco días de inanición recibieron una visita en la celda de Santovenia.
Los visitantes inesperados fueron Galindo, quien era entonces el
director de la prisión, y Emilio Cruz Rodríguez, que por esos días se
ocupaba del Control Penal y ahora es el director de la prisión. El
objetivo de la visita no era otro que hacerles saber que si continuaban
con la huelga de hambre les sería revocada la conmutación de la pena de
muerte.

Bien recuerda Santovenia ese día. Ya habían pasado las dos de la
madrugada y él dormía. Lo despertaron y, sin transiciones, le hicieron
saber que el gobierno de los Estados Unidos le había dado una semana a
los talibanes para que entregaran a los extremistas de Al Qaeda y a su
líder Osama Bin Laden, le dijeron que en toda Cuba existía un "estado de
alerta", y que si los americanos atacaban Afganistán entraríamos en
"Estado de guerra", y que a todos los que tenían la pena de muerte
conmutada, como el caso suyo, serían los primeros fusilados, mucho más
si, como él, se habían declarado en huelga de hambre.

Santovenia, que se hallaba en ese limbo emocional después de diez años
de cárcel, y tras cinco días en huelga, gritó que poco le importaba que
lo fusilaran, que quizá hasta le hacían un favor, aseguró que muerto no
sufriría de las torturas sicológicas que ellos le dedicaban cada día. A
pesar de todo, los militares continuaron su presión, y lo convidaron a
firmar un papel donde se negaba a detener la huelga de hambre, es decir,
que supuestamente el mismo estaría refrendando su fusilamiento.

El preso estampó su firma como si estuviera firmando su libertad y
también aseguró que por nada del mundo abandonaría la huelga, a menos
que le retribuyeran sus derechos y le permitieran las visitas de sus
familiares sin las humillantes condiciones que le habían impuesto a él y
a sus hermanos.

Recuerda el luchador la insistencia de sus familiares en Miami queriendo
que depusiera la huelga. Adujeron que tras el atentado a las Torres
Gemelas la situación era muy difícil, y nadie iba a tener noticias de
que ellos estaban en esa huelga. Pedro y Santovenia decidieron entonces
posponerla para el diez de diciembre del propio año, Día Internacional
de los Derechos Humanos.

Días antes, el 29 de noviembre, fue a su celda el oficial Del Sol para
ordenarle que recogiera sus propiedades pues sería trasladado para el
hospital de Colón. Santovenia le aseguró que no se encontraba enfermo, y
el oficial le aseveró que sí lo estaba, que existían sospechas de que
había enfermado de tuberculosis. El preso insistió en el hecho de que
ese diagnóstico era imposible porque hacía más de un año que no había
recibido la asistencia de ningún médico y mucho menos le habían hecho
análisis. El militar se decidió entonces por las amenazas y hasta
aseguró que si no recogía sus cosas, él mismo lo esposaría y no se
podría llevar ni el cepillo de dientes.

Finalmente lo trasladaron para la sala de penados en el hospital de
Colón, lo dejaron en aquella celda con trece reclusos que sí padecían la
enfermedad. Santovenia recuerda que todos estaban famélicos, que todo el
tiempo escupían sangre y apenas ingerían alimentos. Constantemente los
llevaban a la enfermería para aplicarles el aerosol que evitaba la
asfixia. En ese lugar lo mantuvieron por ocho meses, en los que tuvo que
ingerir los medicamentos como si en realidad estuviera enfermo. El
supone que fueron esos fármacos que le obligaban a tragar los que
evitaron el contagio, o quizá la mano de Dios.

Allí corroboró la estrategia de sus verdugos, quienes solo se
interesaban en impedir la huelga de hambre, y quizá, y a no tan largo
plazo, que se contagiara con la enfermedad y que finalmente muriera.

El año pasado, el reeducador le hizo saber de su ruta progresiva de
libertad, y le aseguró que saldría ese mismo año, pero ya estamos en
2017. Recientemente el oficial Ochoa, segundo jefe de archivo, le envió
otra ruta progresiva, donde se advierte que cumple su sanción en junio
de dos mil diecinueve. Cuando Santovenia averigua, le dicen que la culpa
era de aquella huelga de hambre que hizo en 2001, y que por esa huelga
le habían sido retiradas las rebajas de los dos meses anuales que toca a
cada preso. Su esposa tiene un escrito de Galindo, el entonces director
del penal, donde se garantiza que no le sería aplicada ninguna medida
por aquella huelga.

Un oficial que sabe de los abusos, le hizo saber que el actual director
del penal de Agüica, Emilio Cruz Rodríguez, sacó de su expediente las
rebajas. Esa es su venganza por no haberlo podido "ablandar" con sus
torturas psicológicas ni con el intento de enfermarlo con tuberculosis,
mucho más si Santovenia, como el primer día, continúa firme en sus ideas
de Libertad y Democracia para nuestra patria.

"Yo no vine a Cuba ebrio, por embullo ni por ninguna paga. Vine porque
soy anticomunista y un hombre de ideas libres, y mi mayor anhelo es ver
a mi patria libre y democrática, como el país que me acogió a mis
catorce años y donde aprendí a ser libre", así habla Santovenia, quien
asegura que a pesar de su agradecimiento a los Estados Unidos, nunca se
hizo residente permanente ni tampoco ciudadano de ese gran país. Él
asegura que su gran sueño era regresar al suyo cuando tuviera un
gobierno democrático.

También asegura que aunque tenga que cumplir su condena hasta el último
día, que las últimas noticias aseguran será en el 2021, no hará ninguna
concesión. Este hombre que tiene un hígado graso y una giardiasis
crónica, que sufre de una hernia hiatal, de una esofagitis distal, de
una piel actínica y otras enfermedades, todas adquiridas en prisión, no
cesará en su lucha por la libertad de Cuba.

Santovenia es un hombre de sesenta años, y esos malestares se agudizan
en su delicado cuerpo; pero los tiranos no reconsideran, no renuncian a
sus pérfidos procedimientos, no deciden liberarlo, aunque ya lleve
veinticinco años en prisión. Este hombre ya pagó diez veces más que
aquellos que asaltaron el Cuartel Moncada en 1953, esos hombres que sí
dispararon y mataron. Por eso habrá que seguir exigiendo la liberación
de este buen hombre para que vuelva a vivir libre y con los suyos.

Source: El duro camino de la libertad | Cubanet -
https://www.cubanet.org/opiniones/el-duro-camino-de-la-libertad/

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